Con frecuencia conocemos algo a través de múltiples medios: por alguna película, por fotografías y hoy día hasta por documentales e internet. Esto a veces limita las expectativas, la mente puede hacerse una idea muy clara o idealizada de lo que veremos en caso de ir personalmente y confirmar aquello que nos atrajo, o bien, nos puede decepcionar.

Teniendo unos días para conocer algún sitio nuevo o reafirmar lo ya conocido, aprovechando esta breve estadía en España pensé viajar a Frías en Burgos, me atraía de igual manera Santander; que tiene sitios de ensueño o Zaragoza, pero, me llamaba algo desconocido, que yo nunca había visto ¡Ronda!

Habiendo gozado hace más de veinte años de la película que hizo Francesco Rosi; la ópera “Carmen” versión película, con Julia Migenes y Placido Domingo, me encantó todo: actuación, música, pero especialmente el sitio del rodaje, se nos presentaba la verdadera fábrica de cigarros de Sevilla, alguna escena se desarrollaba en la “Casa de Pilatos” o la Torre del Oro junto al Guadalquivir, también en Sevilla, pero esa Sevilla imposible en el siglo XX ya que la historia sucedía en el siglo XIX se eligió rodar en Ronda.

Todo lo visto en la película era increíble, una ciudad que podía pasar por algunos barrios de Sevilla del siglo XIX obviamente que haciendo algunas escenas en la misma Sevilla que por grandiosas, sólo se podían tomar de la capital andaluza. Tampoco era posible presentar el puente nuevo, ni la grandeza de la ciudad descansando en el barranco, ya que todo debería parecer Sevilla.

Ronda no es patrimonio de la humanidad ni ostenta títulos de magia, no es siquiera una ciudad capital de provincia como lo es Cáceres, es una ciudad de la provincia de Málaga en la apasionada Andalucía, sería injusto decir “una ciudad más”, “una más del amplio abanico que nos muestra Andalucía”.

Es de notar que el crédito se lo llevan en esta región, la sin par Sevilla ¡una de las ciudades más bellas que he visto! Córdoba con su Catedral que fue mezquita; la ciudad más populosa del medievo y Granada, la ciudad en la que toda la magia que se pueda imaginar es poca y si se trata mar, lo que se busca está en Torremolinos o Marbella.

¿Ronda? ¡Más de un día es demasiado! ¿Aparte del Puente sobre el Tajo? ¡Nada que ver! Me dijeron.

El Paseo Orson Welles, pequeño sin pretenciones, nos llevó a la plaza de toros, podría decir que al final del paseo, plaza adentro, plaza afuera la magia sería captada, podría decir, que se iniciaría la excursión a Ronda, rincones, murallas, más puentes y cientos de años sumados nos esperaban ¡Aún no conocía Ronda!

El Paseo Orson Welles, pequeño sin pretenciones, nos llevó a la plaza de toros, podría decir que al final del paseo, plaza adentro, plaza afuera la magia sería captada, podría decir, que se iniciaría la excursión a Ronda, rincones, murallas, más puentes y cientos de años sumados nos esperaban ¡Aún no conocía Ronda!

Me encontré una ciudad que como si hubiese sido creada por gigantes para ser habitada por liliputienses, el tajo; dos enormes moles de piedra inmensas, moles enamoradas, hermanadas y abrazadas por el “Puente Nuevo“, que como un sueño femenino descansa sobre lo alto o como novia adormecida, la ciudad sobre los riscos, no, no se ve como una ciudad audaz al estilo de Cuenca, aquella intrépida como si se preparase para lanzarse al vacío dramáticamente, Ronda sueña recostada plácidamente al filo del abismo, indiferente a éste, viendo con mirada blanca al azul maravilloso o viendo dentro de sí misma, escuchando su palpitar de campanas y guitarras, de cante y de recuerdos taurinos.

Descansando en el abismo, entre riscos y valles sobre aromas de agua limpia, Ronda teje la blanca alquimia del poema de cielo, tierra y altura; la blanca sal de Andalucía que enamora, el agua cae y la ciudad se eleva.

Descansando en el abismo, entre riscos y valles sobre aromas de agua limpia, Ronda teje la blanca alquimia del poema de cielo, tierra y altura; la blanca sal de Andalucía que enamora, el agua cae y la ciudad se eleva.

Ronda árabe y cristiana, suave y dura como un sueño de rocas, verde el fondo, doncella resguardada, inviolada, protegida por precipicios y rocas y en donde la naturaleza le negó la defensa allí los hombres la protegieron con murallas.

Es difícil ver su grandeza, la ciudad mira hacia las sierras como una sirena vería hacia la mar que añora, desde la plaza se camina hacia miradores que nos empequeñecen y nos convierten los ojos en manantiales, se camina al borde del precipicio, y poco a poco en actitud lujuriosa la Ciudad se abre y de pronto se ve un ángulo del tajo, esa tajada creada por dioses poderosos, que separaron la cuna donde la ciudad reposa sobre un abismo.

Es imposible ver el puente entero, ese puente en que los hombres semejantes a los dioses, crean en honor de sí mismos un monumento tan grandioso como el tajo de titanes, un mucho de angustia nos empuja para que busquemos el punto desde el que se vea tajo y pueda la vista abarcar al puente de lado a lado.

Caminamos sobre el puente para buscar por donde alejarnos y ver ese coloso que tiene tanto de milagro. Al atravesarlo la mirada observa de un lado y de otro, atrás la ciudad adormilada, inconsciente de que el menor movimiento podría lanzarla al precipicio, pero la ciudad mira al sol y éste mira a la ciudad prendado. El espectáculo es tal que olvidamos que lo que queremos ver ¡es el puente! Casas maravillosas, casas con aleros que nos recuerdan los países Hispanoamericanos, países serranos que de estas tierras heredaron tejas y aleros ¡cuánto México! ¡Cuánta Colombia y Ecuador! ¡Cuánto Perú hay en Andalucía! Sin ver esas tierras de cada lado del Atlántico creo que se puede entender muy poco.

Caminamos sobre el puente para buscar por donde alejarnos y ver ese coloso que tiene tanto de milagro. Al atravesarlo la mirada observa de un lado y de otro, atrás la ciudad adormilada, inconsciente de que el menor movimiento podría lanzarla al precipicio, pero la ciudad mira al sol y éste mira a la ciudad prendado. El espectáculo es tal, ¡que olvidamos que lo que queremos ver es al Puente Nuevo!

Caminamos sobre el puente para buscar por donde alejarnos y ver ese coloso que tiene tanto de milagro. Al atravesarlo la mirada observa de un lado y de otro, atrás la ciudad adormilada, inconsciente de que el menor movimiento podría lanzarla al precipicio, pero la ciudad mira al sol y éste mira a la ciudad prendado. El espectáculo es tal, ¡que olvidamos que lo que queremos ver es al Puente Nuevo!

El deseo de ver la maravilla frente a frente nos lleva a bordear la ciudad llegar a una plaza, la de María Auxiliadora y al final de la misma caminar hacia abajo por un sendero empinado y tortuoso, el agua, la música del agua y cientos de aves, cuervos, Águilas nos llaman con lenguajes desconocidos y comprensibles, el amigo con quien viajo me dice, “no sigamos, por tu espalda”, pero se ve poco a poco el puente ¡sólo un costado!

El sudor, frío el clima, caliente y húmedo el cuerpo, ardiente el alma ¡ya estoy aquí! ¿Si es el último viaje? Si no podré verlo cuando sea más viejo ¡no importa! ¡El hoy importa! Otros paseantes me veían sorprendidos ¡ese señor canoso y con bastón a ver si llega! Por fin el “puente nuevo” de más de doscientos años ¡completo! ¡de lado a lado! El agua cantarina bajo éste cae a manera de una cascada pequeña, el agua corre limpia y perfumada, las flores silvestres pintando a los riscos como sí fuesen lienzos y las rocas como sí fueran pétalos perfumados.

Atrás del puente se ven más riscos y si ya he llegado al punto de verlo todo, hay que bajar hasta más de cien metros será otro esfuerzo, caminar bajo el puente merece un dolorcillo de vértebras.

A medida que descendíamos el olor a flores, hierba, agua perfumada, me hacía sentir en un mundo irreal, pensaba que e este mi primer día en Ronda, había visto lo que se debe ver...

A medida que descendíamos el olor a flores, hierba, agua perfumada, me hacía sentir en un mundo irreal, pensaba que e este mi primer día en Ronda, había visto lo que se debe ver…

El puente es más o menos cuarenta y tres metros más alto que las torres de la Catedral moreliana y es su coetáneo, comparten más o menos el mismo color, los mismos monarcas de la época en que nacieron.

El regreso cuesta arriba, más pesado pero más triunfante, a ver quien me quita lo bailado.

Al subir de nuevo a la ciudad dimos por terminado “todo lo que se puede ver en Ronda”, lo demás dicen ¡no importa! Callejuelas blancas laberínticas, calles en las que a manera de puente una casa se une a otra, haciéndolas una misma piedra, un mismo tejado ¡un matrimonio! De pronto una Iglesia maravillosa, Santa María la Mayor, una gran plaza, portales y campanas, limpieza y poesía ¡verdadera magia! Comprobamos que visto el “Puente Nuevo” sobre el Tajo era solo el preludio de un recorrido eterno.

Siguiendo la larga caminata de horas, ya poco cansados dimos la vuelta y pudimos percibir esta torre, canticos del gótico, con mucho de Sur, algo de mudejar, y me dijeron ¡nada que ver en Ronda después de haber visto el puente!

Siguiendo la larga caminata de horas, ya poco cansados dimos la vuelta y pudimos percibir esta torre, canticos del gótico, con mucho de Sur, algo de mudejar, y me dijeron ¡nada que ver en Ronda después de haber visto el puente!

Al entrar y ver la parte exterior del Coro, fue impresionante ver las tallas en madera, los arcos apuntados del gótico y a preciosa talla. me hicieron callar y ver atónito lo inesperado.

Al entrar y ver la parte exterior del Coro, fue impresionante ver las tallas en madera, los arcos apuntados del gótico y la preciosa talla, me hicieron callar y ver atónito lo inesperado.

Transcurrió el día “suficiente para ver Ronda completa”, tajo oro, abismo esmeralda, blanco y cielo. Un paseo más y buscaremos una ciudad cercana donde ir.

La iglesia de la Merced, donde las Carmelitas custodian una mano de Santa Teresa, un paseo por un parque y la plaza de toros escenario que enmarcó en la película la muerte de Carmen, la plaza es museo, armas, pinturas carteles, podría chocar a algunos el hecho de ser el sitio de tantas fiestas bravas, pero innegable la armonía arquitectónica del recinto, bellos los arcos, el ruedo, las escaleras con sus contrahuellas de mosaicos en el que cada uno está pintado con primor, altar de la fiesta, de la lucha, de la muerte, repito, puede ser chocante para muchos y yo no juzgo simplemente observo.

Antes de dejar la ciudad “que no merece más de un día”, compramos un boleto para ver cinco sitios de museo.

Nos acercamos al casi milenario arrabal árabe, la belleza de la Fuente de los Ocho Caños, sitio en el que la Manuelita y Carmen pelean en la película, la iglesia al lado, y atrás el “Puente Viejo” medieval y más pequeño, hermoso, desde éste que no se puede ver el “Puente Nuevo” debido a lo sinuoso del río, pero se puede ver otro puente; el árabe. Me resonó la frase ¡en Ronda después del tajo ya no hay nada! Unos arcos de medio punto de ladrillo de estilo mudéjar y bajando un poco, una poesía milagrosa de ladrillo ¡los baños Arabes mejor conservados de la península! Novecientos años de belleza sostenida, con techumbres abovedados que recuerdan el cielo, unos baños para limpiar el cuerpo que siguen limpiando el alma ¡la adoración a Alá se iniciaba desde allí antes de ir a la Mezquita!

Fotos cortesía de Eduardo Montes

Columnas y arcos de herradura sosteniedo bovedas que raptando al cielo, parece más que baños un sitio sagrado.

Al costado del verde camino a la centenaria muralla árabe, voltear a ver la ciudad es “ver” un verdadero canto, torreones, puertas de herradura, hasta llegar a la muralla que separa al arrabal del barrio y gran plaza de San Francisco, volver por la ciudad blanca encontrarnos con lo que queda de alminar de un oratorio musulmán hoy conocido como de San Sebastián y pensar que Ronda no tenía nada fuera del puente sobre el tajo. Claro ver todo esto representa cansancio, caminatas, subidas, bajadas y sobre todo curiosidad ilimitada.

Sitios donde beber vino y comer tapas, decorados andaluces capotes y carteles de manolas y toreros, lejanos ecos de guitarras, (que se escuchan realmente) y nos enteramos que la ciudad pequeña nos da mucho más de lo esperado.

Las noches de luna nueva ¡las mejores! El cielo oscuro y estrellado, las casas blancas doradas por la iluminación municipal, un gitanillo, de unos once años practicaba su cante orgulloso mientras otros seis chiquillos palmeaban ¡ese misterio de música que no se aprende! que se le roba a los riscos y manantiales y que sólo se da de manera natural en Andalucía, en este momento pude ver a Albéniz el más andaluz de los catalanes, gloria de la música universal y me resonó la Rondeña de la Suite Iberia.

El museo del pintor Joaquín Peinado, en lo que fue la casa de los marqueses de Moctezuma, nobles de España y descendientes directos de Moctezuma de Tenochtitlán, casualmente también entramos a la hermosa casa Don Bosco, y más tarde al Palacio de Mondragón, cristiano y moro ¡ese mestizaje tan hispano! Hay también un museo llamado Lara que tiene de todo, tan de todo que me resultó desagradable.

Ronda nos dio cuatro días, ¡porque no teníamos más! Ronda nos puede dar siglos y mucha vida…

Si en verdad deseas erizarte de gozo, Ronda te ofrece mucho. Pero sería una tontería quedarte sólo un par de días.

Ronda me dio esperanza, no hay crisis que acabe la belleza cuando la bandera es de amor por la tierra y el arte, contrariamente a ciudades acabadas, cuando la bandera es dinero, religiosidad hipócrita, cuando se admiran los haceres de políticos que buscan la pobreza de los más pobres, las imposiciones truculentas.

Ronda es fiesta es Fe, es novia dormida, naturaleza, cielo, música y arte, Ronda te da simplemente vida.

¡Una lección de felicidad!


NOTA: Queremos agradecer muy sinceramente al profesor Eduardo Montes su amabilidad al ofrecernos este artículo y sus fotografías para que puedan ser reproducidas en nuestra web. A través de ellas vemos la visión personal de un viajero que se enamoró de Ronda, como tantos otros viajeros románticos que se enamoraron de nuestra ciudad y la mostraron al mundo. ¡Gracias!

 Ronda es fiesta, es Fe, es novia dormida, naturaleza, cielo, música, y arte, Ronda te da simplemente vida. Eduardo Montes

Estamos realizando un inventario de monumentos y de lugares mágicos que nuestra infinita Ronda puede ofrecer al viajero que desee compartir con nosotros la experiencia de visitarnos y quedarse varios días. Intentaremos descubrir Ronda a quienes piensan y dicen que “En Ronda, no hay mucho que ver”
Antes de que te vayas...

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