Antonio Murciano

Antonio Murciano

MIS PUEBLOS BLANCOS

Por una Sierra al sol van mis amores,
Arcos en vertical, Espera en calma,
Bornos, Villamartín… ¡Y quién empalma
-Puerto Serrano- pájaros y flores!

¡Grazalema!… Y Ubrique en curtidores.
De Olvera a Algodonales ¿quién la palma?
Torre Alháquime, Algar, Gastor y el alma
-Setenil- se me ciega en resplandores.

Villaluenga, Alcalá, Benaocaz, Zahara,
y un Prado, un Bosque y una Serranía
pinsapo en Benamahoma y huerta y jara.

Que aquí, entre coplas, nubes y barrancos,
-rumbo al mañana de otra Andalucía-
suben su cuesta veinte pueblos blancos.

Soneto de apertura de Cancionerillo de los Pueblos Blancos
Autor Antonio Murciano

Al-Mutadid

Al-Mutadid

Al-Mutadid fue un rey cruel y despiadado que escribía poemas. Y aparece Ronda…

” ¡ Oh Ronda ! Eres la más hermosa joya de mi reino, ahora que
estás más fortificada que nunca.
Las lanzas y las espadas de mis guerreros me han permitido
la ventaja de poseerte; ahora tus moradores me
llaman su señor y serán mi más firme sostén.
¡ Oh ! Como mi vida sea bastante larga, acortará la de mis
enemigos. De tener siempre aliento no cesaré de combatirlos.
He pasado a cuchillo batallones y más batallones, y las cabezas de
mis enemigos, ensartadas como perlas, forman un collar
a la puerta de mi palacio ”

Abbad Ibn Muhammad Al-Mu`tadid ( Siglo XI ) (Traducción de González Palencia )

Concha Lagos

Concha Lagos

” Que Ronda tiene un balcón
para desenamorarse.
Miré al fondo, miré al cielo,
a los abismos del aire,
y se voló sin sentir
el nombre de aquel amante.
Que Ronda tiene un balcón
para desenamorarse.
Niñas de amor escondido,
las de pena agonizante,
que Ronda tiene un balcón
para desenamorarse.

Por qué caminos iré
huyendo de tu recuerdo.
Caminos tiene el amor;
para el olvido,
ni un puerto.

Tendré que pasar el puente,
puente largo de la pena,
hecho de noches y días
hasta cumplir la condena.

Dije que estaba segura
del querer que te tenía
y era cosa de locura.

Cosa de la sinrazón,
de no saber lo que pasa
ni en el propio corazón.

Agua de nieve bebí
para saber lo que sientes
cuando te sientes a ti ”

Concha Lagos ( 1909-2007 )

Foto Wikipedia

 

Luis Cernuda

Luis Cernuda

El 27 de septiembre de 1934, el poeta Luis Cernuda visitó Ronda. Su dietario nos habla de las sensaciones en una ciudad permanente en el recuerdo.

“Escritos estos días pasados unas poesías. Nerviosidad. No me atrevo a tomar luminal. Y me amarga este estado. Esta tarde, un momento a solas en la habitación del hotel con el balcón abierto, sentí esa particular acuidad del aire en los primeros días otoñales; las voces, los sonidos tenían una nitidez lejana y se percibían con una nostalgia conocida mía de antaño.

Paseando por Ronda al atardecer. Los cipreses, los palacios, todo ese aire no lejano de las Cortes de Cádiz; y un cielo de color inexpresable, ni gris perla, ni plata; una sospecha de levísimo celeste que cierta fuerza blanca de la luz borraba y compensaba con su irradiación.

Comprados unos cacharros antiguos.

Por la noche, en el gran balcón del jardín, sin luna casi, todo el paisaje de montañas en sombra, parecía que me asomaba sobre el mar; el viento hacía el murmullo de las olas y la oscuridad sólo dejaba adivinar una enorme masa absorta y distante.

Nervios, nervios. Ah… ”

Luis Cernuda ( 1902-1963 )

FUENTE:

 

William Somerset

William Somerset

Entre Algeciras y Sevilla, completamente rodeada por altas montañas, está situada la ciudad de Ronda. Acá y allá se levantan algunas pequeñas colinas, tímidamente esparcidas, como si su presencia fuera una afrenta para las salvajes rocas de los alrededores. Las casas están amontonadas junto a las iglesias, que parecen majestuosas gallinas acuclilladas, con las plumas en desorden, mientras sus polluelos se apretujan contra ellas en busca de calor. Siempre hace mucho frío en Ronda. La primera vez que la vi fue una mañana, muy temprano: sobre la ciudad, una tenue neblina gris resplandecía al sol, y las montañas, opalescentes a la luz del amanecer, veíanse tan luminosas que apenas se hubiese creído que eran macizas; parecía como si se pudiera caminar a través de ellas.

La gente, protegiéndose la boca con un pañuelo por temor a coger una pulmonía, marchaba muy deprisa, ceñidamente embozada en largas capas. Al pasar frente a las puertas entreabiertas veía a los habitantes de las casas sentados alrededor del brasero, caldeándose, pues los hogares son desconocidos en Andalucía siendo la copa, especie de vasija redonda de bronce, de bordes bajos, en la cual se colocan carbones encendidos, el único medio de calefacción existente.

La altura y el frío prestan a Ronda una serie de características que recuerdan las de una ciudad de España septentrional. Los tejados son bastante empinados, las casas pequeñas y bajas, construidas para proteger del frío antes que, como en el resto de Andalucía, para proporcionar frescura. Pero los frentes enjalbegados y las ventanas enrejadas con sus celosías de madera recuerdan al viajero que se encuentra en el corazón del mismo país morisco. Y Ronda figura, por cierto, en crónicas y antiguas jácaras, como plaza fuerte de los invasores. La tempranura influye en los hábitos del pueblo, y aun en su apariencia: no hay holgazanes reunidos en las plazas, o junto a las puertas de las tabernas las calles están desiertas, y su amplitud torna más manifiesta la soledad reinante.

Los primeros pobladores de la ciudad no tuvieron necesidad de hacer las calles angostas para protegerse del sol, y éstas son en realidad tan anchas que casas de ambos lados podrían ser tenidas sobre sus frentes, y aún sobraría espacio para el rápido arroyuelo que corre por el medio.

FUENTE:
Somerset Maugham, William (2005). Andalucía. Sevilla: RD Editores. 9788495724694

José Bergamín

José Bergamín

Illo y Romero (Seguidillas toreras)

El arte del toreo
fue maravilla
porque lo hicieron juntos
Ronda y Sevilla.

Unieron dos verdades
en una sola
con Illo y con Romero
Sevilla y Ronda.

De Sevilla era el aire
de Ronda el fuego:
y los dos se juntaron
en el toreo.

Y como se juntaron
los dos rivales
no habrá nada en el mundo
que los separe.

Tampoco se separan,
andando el tiempo,
Joselito y Belmonte
de Illo y Romero.

En José estuvo el soplo
y en Juan la brasa:
y en los dos encendida
la llamarada.

Por eso fueron
José y Juan, los dos juntos,
todo el toreo.

FUENTE:

JOSE BERGAMIN. OBRA TAURINA. DATOS DEL LIBRO
Nº de páginas: 340 págs. Editorial: CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788400086572

 

 

Rafael Alberti

Rafael Alberti

A JOAQUÍN PEINADO
Es de Ronda y se llama
Joaquín Peinado.
Tan fina y seriamente
¿quien ha pintado?
Que alto y severo,
si este pintor hubiera
sido torero.

En gris y azules sordos
desceñiría
su capa donde canta
la geometría,
y en ella, a solas,
jarras, vasos, botellas
y cacerolas.

Nadie piense en sangrantes
luces bordadas
cuando a la media luna
de sus espadas.
Si en las esquivas
naturalezas muertas
pero bien vivas.

Yo lo siento tranquilo,
valiente, humano,
en la tarde de un ruedo
solo y lejano.
Mudos bramidos
y música callada
por los tendidos.
Lo principal de todo

ya está cantado:
Es de Ronda y se llama
Joaquín Peinado

Rafael

Marqués de Custine

Marqués de Custine

«Toda mi vida me perseguirá ya la visión de Ronda. Su Puente, levitando entre el cielo y el averno, sus aguas abismadas, sus montañas barnizadas de ocre y humo, sus hombres tostados como su tierra: ese fantástico recuerdo será eterno gozo de mis noches en vela.”  L’Espagne sous Ferdinand VII. 1831

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Otra serranía es ¡qué diferente! la de Ronda. Uno dice: “Dichoso el que tenga o el que tenga que tener la familiar visión de estas montañas majicas, hercúleas y femeninas de noche, a un tiempo”. (…)

Azul perfecto, azul de noche inigual, noche inimitable. Ronda, una manzana azul picada de plata ahora, de Andalucía. ¿Y las legiones de fantasmas airosos, sensuales, ricos, evocados por el cromo, la guitarra, la copla; y la lamentable Andalucía de pandereta? Era todo más sencillo, estaban todos más dentro. ¡Serranía de Ronda, Ronda alta y honda, rotunda, profunda, redonda y alta, tajo de Ronda, tajo de Ronda! (…)

¿Dónde aquel embeleso, aquella ansia de ciudad típica andaluza, de mejor pueblo, de blanca maravilla azul de noche, aquella seguridad para después, aquel tiempo detenido, y los trenes de España corriendo? Esta es, aquí está Ronda, serranía de Ronda. Así era entonces, cuando yo oía de ella a mi padre y no la conocía.

FUENTE:
Jiménez, Juan Ramón. Olvidos de Granada. Granada: Los Libros de la Estrella. ISBN: 9788478073320. Págs. 51-52.

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Antes de que te vayas...

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